Escritos baldíos en busca de una redención estéril.

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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2004.

FINITA EST COMAEDIA

Por motivos totalmente ajenos a mi voluntad, este blog queda muerto y enterrado.
03/09/2004 21:57 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

El día que maté a mi dios (Metáforas del blog muerto I)

sangre.jpgHace unos días maté a mi dios. Era un devoto creyente: lo rezaba constantemente, lloraba de alegría viendo su efigie, sacrificaba mis cosechas en su honor y peregrinaba a su templo cada luna nueva y cada luna llena, acompañado por un sol abrasador o por las más heladas tormentas, destrozando mi caballo por el camino, abandonando mis obligaciones por poder arrodillarme gustoso ante su brillante figura.

En un principio le temía; me parecía un dios lejano que rechazaba a sus fieles, un dios de la guerra, el fuego y el hielo. Pero en uno de mis viajes ví su imagen y oí su voz, y me hice creyente al instante. "Tu imagen de mí es engañosa, -me dijo-, pues yo soy el dios de la vida. Pero cuidado, no por ello soy menos terrible, pues al igual que la misma vida yo cambio, me extingo y renazco de mil formas; igual que la vida estoy maldito. Vuelve a tu hogar e intenta olvidar que alguna vez me has conocido".

Seguí su consejo a mi pesar, porque ¿cómo olvidar la belleza absoluta? ¿cómo dejar atrás un alma tan atormentada como la que aquel dios tenía sin hacer nada por comprendrerla y, quizá, aliviarla? Pero no pude evitar creer en él aunque por miedo a su advertencia decidiera no convertirme hasta el punto de ser practicante.
Los días siguientes seguí rezándole ocasionalmente, y visité su templo un par de veces. Él me hablaba como un espíritu compasivo y con cada conversación, cada figura que llegaba a mis manos representándole, cada palabra de sus fieles... me quedaba más convencido de su deidad y asimilaba con más seriedad su fatal advertencia, no necesitaba que mi dios me admitiera en su iglesia. Con creer en él ya lo tenía todo.
Pero llegó el día en que mi dios cambió, como la vida, como él mismo me había dicho, y aceptó mi devoción. Poco más tarde sería él mismo quien pediría mi fanatismo. "
Y yo sucumbí complacido, entendiendo que había aprobado su prueba de fe.

Pasó el tiempo y siguiendo a mi dios toda la existencia cobraba sentido; las gotas de agua, los ladridos de los perros, el movimiento de las hojas barridas por el viento. Cada letra del nombre de mi dios era un mundo completo de significados.

Hasta que llegó el día en que mi dios me abandonó. "Ha llegado la hora profetizada, ha llegado el momento en el que el dios deja de creer en su más devoto seguidor. Todo en lo que creías se ha desvanecido. Vuelve a tu hogar, sigue adelnate y sé feliz."

No importa cómo me sentí y aún me siento. No importa ni siquiera que siga rezándole a escondidas. Pues ese día yo maté a mi dios. Quemé su templo. Violé a sus monjas. Escupí en sus reliquias. Aplasté sus iconos. Quemé su templo... Y tras días y días de destrucción abrí los ojos y miré al suelo; allí estaba su estatua central destrozada en mil fragmentos. Y miré mis manos, y estaban manchadas de su sangre.

Siempre seguirá esa sangre en mis manos."
08/09/2004 00:45 Enlace permanente. Tema: Misceláneo No hay comentarios. Comentar.

Voces en las tinieblas (Metáforas del blog muerto II)

wolf3.jpg1- AMISTAD

- Hola.
- ¿Quién eres?
- Soy la sonrisa y el llanto. Soy la mano que te acaricia y el puño con el que golpeas. El piropo y el insulto. La mariposa y la oruga. Soy la compañía y la soledad. Me necesitas para vivir y me quieres, pero tu orgullo me niega y me odias. Te desvives por mí, y yo sin pensar me desangro por tí. Mi sufrimiento es tu tristeza y el tuyo mi desesperación. Soy dulce cuando me tienes y amargo cuando te falto.
- ¡Ya basta!
- No te preocupes. Créeme si te digo que contigo ya he terminado.
- Dime quién eres.
- Deberías conocerme, pero veo que no es así.
- Por favor, dímelo.
- Soy Amistad.
- ¿Qué quieres de mí?
- Que escuches el eco de mis lamentos y tras la angustia y el suspiro descubras que lo que oyes... es tu propia voz.

2- DESEO

- Hola.
- ¿Quién eres?
- Soy los labios que te besan y los dientes con que muerdes. El placer y la tortura. El simbionte y el parásito. Soy el acto de amor y la violación. Te hago disfrutar hasta perder el sentido pero tienes miedo de ser dominado por tus instintos. Me das placer, y yo soporto sonriente el daño que me infliges. Mi goce es tu meta y tu éxtasis el sentido de mi vida. Soy caliente al rozar tu pecho y helado al darte la espalda.
- ¡Aléjate de mí!
- Tranquilo. Créeme si te digo que mis colmillos ya no te inyectarán más veneno.
- Dime quién eres.
- Ya nos hemos encontrado, pero al verme tu vista se nubla.
- Dímelo de una vez.
- Soy Deseo.
- ¿Qué quieres de mí?
- Que roces con tus dedos mi piel decrépita y tras las llagas y tumores descubras que lo que tocas... es tu propio cuerpo.

3- AMOR

- Hola.
- ¿Quién eres?
- Soy la esperanza y el fracaso. Soy el abrazo que acerca y el empujón con el que alejas. El beso y el escupitajo. La rosa y la espina. Soy el lleno y el vacío. Eres adicto a mí y quieres seguir siéndolo, pero me odias por esa dependencia. Matarías por mí, y yo moriría mil veces por tí gritando de alegría. Mis sentimientos te pesan y los tuyos me aplastan. Te resulto suave estando en tus manos y áspero lejos de ellas.
- ¡Desaparece!
- Ten calma. Créeme si te digo que nunca volverás a toparte conmigo.
- Dime quién eres.
- Lo sabes, pero no quieres recordar.
- ¡Dímelo! ¡Dímelo!
- Soy Amor.
- ¿Qué quieres de mí?
- Que contemples las heridas de mi cara y tras la cicatriz y la sangre descubras que lo que ves... es tu propio rostro.

CORO DE VOCES FINAL

- Hola.
- ¡Marchaos!
- Hemos venido a despedirnos.
- Creí que ya os habíais ido.
- Así es.
- No os entiendo.
- Tú nos has echado.
- ¡No es cierto!
- Nos echaste al matarnos.
- ¡Yo nunca he hecho tal cosa!

- ¿No hueles tu propio aliento? ¿No te resulta familiar el olor?
- Sí. Huele a vosotros.
- ¿Notas algo en el paladar? ¿No te parece familiar ese gusto?
- Sí. Sabe a vosotros.

- Somos Amistad, Deseo y Amor. Nos has comido. Tú nos has tragado.
- Yo no soy capaz de hacer algo así.
- Somos tu mente, tu cuerpo y tu espíritu. Te has devorado. Tú te has fagocitado a tí mismo.
- No...

- Mira tus ojos famélicos; contempla cómo la sangre chorrea por tu barbilla; escucha el crujir de huesos entre tus dientes.
- No... no... no...

- Aún estás masticando.
08/09/2004 15:48 Enlace permanente. Tema: Cuentos de mucho miedo No hay comentarios. Comentar.

La Fábula del Polimorfo (Metáforas del blog muerto III)

grendel.jpgHace muchos siglos, en un bosque que aún no existe, tres seres confluyeron en una encrucijada y detuvieron sus pasos para recuperarse de las fatigas del camino.
Uno era un hombre enjuto, ajado y andrajoso, que desprendía un hedor tan pestilente que hasta los piojos huían de su enmarañado y duro pelo. Otro era un cerdo hinchado y deforme, más hediondo aún que el hombre; y sus nauseabundas carnes estaban marcadas por infinidad de profundas heridas supurantes. Finalmente había un monstruo alto y delgado, que olía como la misma muerte; no tenía piel, así que sus músculos, venas, huesos y órganos internos se combinaban en una masa informe de destellos rojos, negros y azules.

El hombre se sentó en el tocón de un árbol cortado que coronaba el centro de la encrucijada; el cerdo simplemente se dejó caer en el suelo, copando sus heridas de tierra e insectos y el monstruo salió del camino y se fundió con las sombras del bosque, agazapado.
El hombre encorvó su espalda sobre la corteza del tronco con un gesto de dolor y dirigiéndose al cerdo dijo:
- Disculpa que perturbe tu descanso, amigo cerdo. Permíteme que me presente antes de plantearte una duda que quizás puedas resolver.

- No es necesario que te disculpes, persona. Ni me merezco que te presentes ante mí. No sería digno ni de que me pisaras la cabeza si quisieras, aunque teniendo en cuenta lo que repugno, dudo que nadie pudiera tener ganas de hacerlo.

- Verás, amigo cerdo. Yo antes era un caballero. El más noble de los señores me tomó bajo su protección. Yo llevaba sus espadas, le ayudaba a montar a caballo, cabalgaba a su diestra en el fragor de la batalla, encorsetaba y desceñía su armadura; en ocasiones hasta le preparaba la comida y limpiaba sus establos. Mi vida era dichosa al lado de mi señor; era generoso y amable conmigo y perdonaba mis errores con una sonrisa. Pero llegó un día en que mi señor decidió prescindir de mis servicios. "Eres el más hábil y fuerte de cuantos caballeros hayan hollado este reino", me dijo mayestático; "el pueblo te quiere y admira, y no existe mujer que resistirse pueda a tus virtudes y encantos. Pero ya no te quiero a mi lado. Te libero de tu vasallaje. Ve en paz y encuentra tu destino". Pero, ¿de qué me sirve ser el mejor caballero si no he conseguido complacer a mi señor? ¿Qué destino puedo buscar si al lado de mi señor ya lo había encontrado?

- Triste fortuna, caballero. - murmuró el cerdo.- Triste fortuna.

- Le pregunté a mi señor en qué le había fallado para expulsarme de su corte, si mis habilidades en combate habían decrecido, si mi fidelidad y devoción hacia él no le parecían suficientes; y él me contestó con estas palabras: "Nada de lo que dices es la causa. Como una hoja traída por el viento llegaste y como una anécdota te vas. La vida te condujo hasta mí y yo hago uso de lo que la vida me trae, hasta que acaba". No puedes ni imaginar, amigo cerdo, el dolor de mil puñales ardientes que me atravesaron el alma al oír de labios de la persona a quien había jurado servir hasta mi último hálito de vida... que yo era una situación pasajera y no una persona, que yo era una circunstancia a utilizar y no un ser humano.

- Es terrible eso que te han hecho, - siseó el monstruo tras los arbustos.

- Este es el tercer día desde que salí de tierras de mi señor, allá, bajando el camino del sur, donde los campos eran dorados y el sol iluminaba el lomo de las bestias... y mírame cómo he quedado, apenas una sombra llorona e implorante. Por eso, mi buen cerdo, si pudieras ayudarme y decirme a dónde conduce esta encrucijada te lo agradecería eternamente.

- Persona, me hallo en tu misma situación. Al igual que tú yo tenía un granjero al que querer. La primera vez que me vio me acarició las orejas y me dijo con tristeza que yo era un cerdo muy hermoso, robusto e inteligente; y que nunca jamás había tenido un cerdo al cual no matara enseguida para aprovechar su carne; así, aunque desconfiara de él, le quería por los halagos, las caricias y el tiempo que estaba sentado haciéndome compañía. Pero vi que con el paso de los meses me tomaba cariño y yo dejé mis miedos, y engordé comiendo de su mano y me dormía junto al mismo cuchillo con el que había matado a otras bestias de la granja cuando él me rascaba la barbilla. Pero un día, al igual que a ti, me abandonó. Una mañana desperté lejos de mi camastro de heno, golpeado y empujado por los otros cerdos de mi amo. De la noche a la mañana había dejado de ser especial para él y me había colocado con el resto de los míos. Sentí tu mismo dolor al ser desechado, al saber que sólo eres uno más de la piara... y deseé devolverle todo el cariño que había acumulado por él reconvertido en un torrente de ira: me escapaba de la porqueriza, mordía su mano cuando se acercaba a ver cómo me encontraba, rompía las verjas de la granja y me comía a otros animales provocando así su ruina.

- ¿Por eso intentó matarte? ¿A eso se deben las heridas que desdibujan tu cuerpo?- preguntó el caballero visiblemente impactado ante tal visión de agonía.

- No, caballero, no intentó matarme. Me dejó ir diciendo: "Aunque hubiera dejado de quererte no te maté. Te puse junto a los demás cerdos para que pudieras rehacer tu vida con los tuyos, pero no la quisiste. Y ahora mira la granja; lo has destrozado todo, me has arruinado. Vete". Aún a pesar de todo el daño que le había ocasionado seguía perdonando mi vida y yo, antes de emprender la huida hacia la espesura, di un último golpe de rabia con todas mis fuerzas y arranqué de un mordisco la mano con la que me alimentaba y acariciaba y la escupí al suelo maldiciéndola.

- Es terrible eso que hiciste.- jadeó el monstruo reptando entre unas zarzas.

- Este es el segundo día desde que salí de la granja de mi amo, allá, subiendo el camino del norte, donde la lluvia formaba bellas hondas en los ríos y la tierra estaba impregnada por el frescor de la hierba... y mírame como he quedado, apenas un engendro que se muerde a sí mismo y se lanza contra las rocas. Por eso mi buen caballero, yo tampoco puedo ayudarte pues no sé a dónde puede conducir esta encrucijada.

Entonces el hombre se levantó lenta y quejumbrosamente y el cerdo se incorporó sobre sus sangrantes patas delanteras y llamaron al monstruo para que saliera de la espesura. El ente descarnado apareció tras una roca arrastrándose sobre su tripa y clavando su mirada en la angustiada pareja preguntó:
- ¿Qué queréis de mí?

- ¿Puedes decirnos a dónde conduce el tercer camino de la encrucijada?- inquirió el hombre, pues el cerdo apenas podía articular palabra del dolor.

- No puedo, persona y cerdo, pues este es el primer día desde que salí del final de ese camino y no viene de ningún punto cardinal. Ese camino no viene de ninguna parte y su meta es esta.

- ¿Qué meta es esa que dices?

- Este es el lugar donde el caballero mata al monstruo, el cerdo se sacia con su cadáver y el hombre festeja su triunfo engullendo al cerdo cebado. Este es el lugar donde se vencen las pesadillas.

El hombre echó mano a su cintura instintivamente buscando una espada que ya no existía. Todas sus armas y defensas las había dejado en casa de su señor y ya no tenía con qué enfrentarse al monstruo; y viendo de frente su futuro se sumió en la desesperación. El cerdo comenzó a gruñir, pero la posibilidad de que la muerte que el monstruo le auguraba pudiera aliviar su tormento, no consideró que con un sumo dolor final pudiera expiar el remordimiento del daño que había provocado a su amo; y viendo que su fin estaba cerca se abandonó a la tristeza.

- ¡Ja, ja, ja! – se carcajeaba el monstruo,- Persona, no cedas a la angustia; ni con tu armadura, caballo y armas podrías vencerme. Porque... ¿cómo ibas a levantar tu acero si el daño que tu señor te ha causado ha fundido tus fuerzas?. Cerdo, no te apenes; ni aunque tu instinto de supervivencia renaciera podrías salvarte. Porque... ¿cómo ibas a embestirme si el daño que has causado no deja de atormentarte?

- Acaba con nosotros si quieres, pero deja de torturarnos.

- Persona, ¿de qué serviría que tu señor volviera a llamarte a su lado si ni tú mismo te quieres? Pero no importa, porque ni aun queriéndote a tí mismo volverá a acogerte en su seno. Cerdo, ¿de qué serviría que tu amo te perdonase y te admitiera en su granja si ni tú mismo eres capaz de perdonarte? Pero de nuevo eso es algo que no sucederá, así que no importa.

- Mátanos.- logró exhalar el cerdo.

- Hoy es el día en que la pesadilla derrota al durmiente. Sabed que antes de ser monstruo fui cerdo, y antes de ser cerdo fui persona. Mirad en lo que me he convertido. Miradme. Persona, mira cómo tu señor me ha dejado sin piel. Cerdo, mira en mis entrañas como se retuerce la mano que arrancaste a tu amo. Soy el daño que habéis recibido y el daño que habéis causado. Cerdo y persona, soy el fruto de vuestra aberrante fornicación.

Y diciendo esto, el monstruo se lanzó sobre el cerdo tragándolo de un solo y monumental bocado. El caballero echó a correr por donde había venido, pero delante de él solo veía un camino de calaveras y navajas rodeado de un frío desierto. A pesar de todo siguió corriendo, destrozando sus pies, tambaleándose y cayendo una y otra vez al suelo.

- Abandona, únete a mí y olvida el sueño de que alguna vez pudiste ser humano. – aullaba la voz del monstruo a su espalda;- El cerdo ya forma parte de mí, su arrepentimiento eterno no tiene penitencia, sus remordimientos fluirán en mis venas para siempre. Abandona y haz mío tu dolor. Juntos haremos que el mundo gire. Esta vez seremos nosotros los señores que expulsan a sus vasallos; esta vez el mundo llorará al escupir nuestra mano arrancada. A fin de cuentas lo único que cambiará es el orden en el que suceden las cosas. Dejemos de ser víctimas vengadoras y seamos verdugos asesinados. Ya falta poco; te están saliendo pezuñas, gateas a cuatro patas y las ventanillas de tu nariz forman ya un hocico. Ya casi eres el cerdo; recuerda el día de tu partida y verás que tú también le arrancaste la mano a tu señor.

- Nunca, - replicaba el hombre haciendo rechinar sus dientes y haciendo volar con su aliento el sudor que goteaba de su creciente hocico. – No debo dejarme vencer, pero no puedo más; me estoy quedando sin voluntad ni fuerzas.

- Tan sólo durará un momento, y al final serás... yo.

- Ya noto su aliento en mi nuca.

PANEGÍRICO: Esta es la última parte de la serie de metáforas. Espero algún día escribir un epílogo o moraleja a la fábula y que el hombre-cerdo se salve; de no ser así, no hace falta que lo escriba para saber cuál es el final, que tiene pinta de ser bastante inevitable y próximo.

Metáfora 1 (El acto de destrucción)= Demasiado redundante, demasiado explícito, demasiado espiritual. Un texto poco trabajado que podía haber quedado peor teniendo en cuanta que la base argumental de dioses y creyentes es muy mala.
Metáfora 2 (La reflexión tardía) = Corto, claro, conciso y repetitivo en estructura, que es lo que yo buscaba. Lo más onírico, poético y personal que he escrito. Estoy satisfecho con el resultado teniendo en cuenta que es la primera vez que intento parir algo así.
Metáfora 3 (La solución final) = No sé si a ojos de otros parecerá una puñetera mierda, pero creo sinceramente que es lo mejor que he escrito en mi vida a todos los niveles. Lo cual tampoco es ningún alivio.

Escribiré otras cosas, pero me he quedado seco con las dos últimas. Necesito salir del camino de calaveras y navajas y descansar mis pezuñas unas horas, y si el monstruo me alcanza, que así sea.

El estertor (Terrores nocturnos I)

hunchback1.jpgDuermo. Y sueño. Y sueño que estoy de pie en una pradera de hierba seca que cruje al rozar mis rodillas. Hay algo que se mueve a mi alrededor agitando grupos ovalados de briznas. Son ovejas; ovejas jugosas de blanca lana con los dientes verdes por la continua masticación del pasto.

Me cubro la vista con la mano y mirando hacia el sol vislumbro una sombra de pelaje azabache que se dirige hacia mí a toda velocidad; chocando, pisando y empujando cada oveja que se cruza en su carrera. Cuando veo que es un lobo de boca espumeante y ojos rojos apenas me da tiempo a recular dos pasos hacia atrás antes de que de una dentellada casi fallida rasgue el aire y mi tripa. Mis entrañas quedan al descubierto y caigo al suelo de espaldas.
La fiera vuelve al ataque, esta vez centrado en mi cuello, pero logro aferrar el suyo con la adrenalina fluyendo vigorosa e incontroladamente y detengo el mordisco letal.

- ¡Hijo de puta! - le digo escupiendo saliva, sudor y sangre.- Tienes ovejas a tu alrededor como para saciar a toda tu maldita especie. ¿Por qué me atacas a mí?

- ¿Por qué el pastor mata al lobo? - me responde.

- ¿Cómo? - pregunto yo a mi vez - ¿Acaso no matas tú su ganado? ¿Su sustento?

- Sí; y sin embargo también el granizo destruye la cosecha y no por ello matas a la nube. También el fuego quema los campos y no por ello dejas de avivarlo para calentarte. Las palomas ensucian tu casa y te contagian enfermedades y aún así lo sigues usando como símbolo de paz.

En un furioso intento de no ser devorado arranco con mi mano izquierda sus orejas a base de sendos tirones y hundo los dedos en sus ojos hasta que sus globos oculares resbalan viscosos entre sus propias mandíbulas.

- ¡Estúpido! - aúlla entre el dolor y la risa - ¿Crees que si tú no tuvieras ojos ni orejas dejarías de resultarme apetitoso? ¿Qué te hace pensar que por la misma razón vaya a dejar de tener hambre? No ha habido día en mi vida que no haya tenido que huir de cazadores intentando darme muerte. Es irónico que a pesar de todo eso seas tú la primera oveja que como.

Suelto su cuello, pues mi pata ya no tiene dedos con los que agarrar.
Sus colmillos se abren camino entre los rizos de mi lana y me perforan el cuello.

Despierto en un charco de sudor y vómito.
10/09/2004 02:31 Enlace permanente. Tema: Cuentos de mucho miedo No hay comentarios. Comentar.

El Escalofrío (Interludio entre terrores)

cerberus.jpgEl día 3 a mediodía nació mi espíritu.
El día 3 a medionoche murió.

Una casa vacía.
Una bodega llena.
Una ameba parturienta sin voluntad ni alma.
Y un demonio nonato rasgando la placenta que lo envuelve; exigiendo ser saciado con un parto de lágrimas, semen, alcohol y sangre.
11/09/2004 16:21 Enlace permanente. Tema: Misceláneo No hay comentarios. Comentar.

Estiercol

pluma.gifSe dice que de la más olorosa mierda se saca el abono con el que crecen las más coloridas plantas.

Supongo que por eso he tenido esta racha creativa.
Y supongo que por la misma razón la pasada madrugada cogí un papel en blanco y aboceté un dibujo que hice la semana pasada. Una habitación y una persona; sólo eso. Lo curioso fue que al terminar el dibujo me di cuenta de que me había salido más exacto y detallado, como si después de haber estado días en esa habitación dibujando lo mismo una otra vez acabara conociendo cada mancha en la pared o mota de polvo en el suelo de memoria. Es un dibujo que pienso volver a hacer con una pluma, esta vez bien, sin tachones ni notas marcando "aquí tejas de fondo tras la ventana". Lo haré poco a poco, sin prisas; Y luego.. luego no sé qué hacer con él, supongo que dárselo a quien le guste o quien lo quiera. Supongo.

Anoche salí poco y y se me revolvió el estómago. No teno ganas de hablar con nadie y apenas como una vez al día. Me he vuelto huraño y agresivo, he ido perdiendo a mis amistades poco a poco a base de irlas abandonando, dejando de llamarles y salir con ellos por la idea de creer que tenía cosas muchísimo más importantes de las que ocuparme, pero no ha servido de nada, me arriesgué y lo perdí todo jugando mi última carta. Me marqué un farol y me ha salido el tiro por la culata.
La única persona que me podría quedar está tan mal como yo y no creo que nos haga ningún bien salir a emborracharnos y despotricar contra el mundo. ¿Pero qué alternativa hay?

Lo único que quiero hacer es dormir y pasarme las horas muertas mirando la pantalla en blanco, en la oficina. Esta semana mi compañera de curro pilla vacaciones para cuidar de los hijos en sus primeros días de clase, así que ni siquiera hará falta que disimule que estoy trabajando. Jugaré al carta blanca, que es el juego más aburrido que existe. O escribiré algo, pero tampoco tengo ganas. Estos días lo he hecho para intentar comprenderme a mí mismo y a mis circunstancias, pero yo sólo no puedo sacar mucho en claro; soy demasiado complicado hasta para mí mismo.

Este miércoles tengo un examen, pero no lo voy a aprobar; he intentado coger el libro pero en cuanto leo dos líneas me hundo en mis pesadillas. Quizá repita curso o quizá mis viejos me echen de casa por mi perpetuo parasitismo.

No encuentro una salida. No sé qué hacer. Cada día que pasa me encuentro peor física y metalmente. A cada minuto que pasa noto que desaparezco, que me hago invisible, que la gente se va olvidando de que alguna vez he existido.

Me fundo con el dibujo y paso a ser una mancha en la pared y una moto de polvo en el suelo. ¿Quién podría querer el dibujo? ¿Quien lo querría conmigo en él?
12/09/2004 16:36 Enlace permanente. Tema: Misceláneo Hay 1 comentario.


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