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Redemption

La Mierdamorfosis

La Mierdamorfosis Cuando Gregorio Samsa despertó aquella mañana, luego de un sueño agitado, se encontró en su cama convertido en una mierda mosntruosa.
"Parece que no sólo el sueño fue agitado", pensó; pero no... no es que se hubiera cagado encima, es que se había transformado en pura y genuina mierda, 80 kilos de mierda que rezumaban por los bordes del colchón.
Al principio creyó que era una pesadilla o que por una serie de casualidades incógnitas había logrado hacer el pino mientras dormía y se había puesto a hacer de vientre hasta cubrirse entero, pero eso era incluso más absurdo que el hecho de haberse transformado en una semi-compacta masa fecal. A fin de cuentas, el mundo está lleno de mierdas. Gregorio se puso a pensar en ilustres personajes que eran mierdas y habían triunfado o casi triunfado: Chenoa, todos los presidentes republicanos y la mayoría de los demócratas de Estados Unidos, el padre Apeles, Julio Salinas... pero claro, al menos ellos podían ser mierdas en un sentido metafórico; sin embargo él era una auténtica mierda en el sentido más oloroso del término.

Con estos pensamientos y muchos otros (como por ejemplo qué haría su madre para comer) se levantó y caminó con sus piernas de mierda hasta el espejo y vio su cara de mierda reflejada; hasta tenía grumillos de alimentos a medio digerir; creyó incluso distinguir unas curiosas cáscaras de cacahuete. "¿Seré el producto digestivo de un animal de circo?".
Oyó como su hermana llamaba a la puerta y se apresuró a cerrar el pestillo, pero 80 kilos de mierda por mucha puerta que halla de por medio... se notan. "Gregorio, -dijo ella- tu habitación huele como una poza séptica, cabrón; se lo voy a decir a mamá". La sucia chivata de su hermana iba a delatarle, pero más tarde o más temprano alguien tenía que pasar frente a su habitación y descubrir el pastel, nunca mejor dicho. Gregorio no sabía que hacer, si vestirse y pringar toda la ropa, con lo cual la bronca iba a ser más grande si cabe o quedarse tirado en el suelo, inerte, para que lo recogieran y le tiraran al retrete, donde con algo de suerte iría a parar a unas cloacas llenas de personas transformadas en mierda como él y ligarse a una mujer-mierda, como Cristina del Valle; sin embargo ese último pensamiento le hizo sentirse peor y vomitó. Vomitó mierda, por supuesto, más mierda todavía, todo lleno de mierda; puta y jodida mierda.
"¡Gregorio!", oyó que su madre decía a través de la puerta; "¿no tendrás una pila de cadáveres ahí dentro, verdad? ¡Responde, Gregorio!". Gregorio no sabía qué hacer, se veía exhibido en una feria ambualnte de monstruos, con la mujer barbuda, el pollo descabezado y las siamesas unidas por la cadera. "¿Qué va a ser de TI, Gregorio?", pensaba, "esta vez sí que la has cagado, pero bien cagado".
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