Este tío ya no comerá más salmón
Me apetecía escribir algo truculento y como ando muy musical ultimamente, niños y niñas, voy a relataros a continuación una historia de la que me enteré hace años. Nada sobre el batería de Deff Leppard perdiendo su brazo, ni el accidente del batería de Su ta Gar en la playa de La Concha, ni rolletes light como las muertes de Hendrikx, Bonham o Cobain; no. Es más casposa y ridícula la fórmula noruega.Fijaos en la foto sobre el texto; un tipo en el suelo, sangre, una escopeta y un cuchillo de cortar filetes de brontosaurio. Sí, es totalmente real; una de las más famosas y controvertidas portadas de la historia de la música. Os cuento más o menos lo que sucedió, que hace tiempos que leí la historia e igual me equivoco en algún detalle...
Eran principios de los 90 y los púberes noruegos se aburrían como una ostra en un país que tiene todas las pintas de ser muy bonito paisajísticamente, pero un soberano coñazo en todo lo demás. Tanto aburrimiento en dicha juventud les hacía quedarse en sus casas en un lugar tan frío y soso, así que se volcaron en un estado de frikismo de biblioteca, ya sabéis, libracos de fantasía épica con los que fantaseaban por una Normandía llena de bosques, fiordos, cánticos a Odín y calvados servido en calaveras por esclavas rubias en salones de madera. Todo muy viquingo. La culpa de que esas fantasías no pudieran hacerse realidad la achacaban a la cristianización del país. "Talan nuestros bosques de elfos para construir sus iglesias; esto con Thor no pasaba, Erik; hace 900 años sí que se vivía bien, te lo digo yo que soy descendiente de Harald Kagorrotsen y tal". De esta guisa empezaron a dejarse los pelos largos y a oir grupos de música que curiosamente no eran de Noruega: Possessed y Slayer (americanos), Sodom (alemanes), Venom (ingleses), Celtic Frost (belgas),etc. Obviamente el frikismo de estantería y minicadena apalancados en su cuarto les dejó unas neurosis bastante pronunciadas; decidieron salir de sus cavernas para devolver a Noruega a sus raíces.
Todo de cuero negro, brazaletes de pinchos, aspecto siniestro, cara de mala leche... todo copiado de los grupos anteriores. Comenzaron a coincidir en los garitos heavys de la época y empezaron a hacer planes y formar sus propias bandas. Berridos metaleros emitidos en garajes por yogurines de entre 14 y 20 años surcaron la Noruega de principios de los 90. El líder de aquella troupe (Øystein Aarseth) respondía al alias de Euronymous, el estilo musical sacado de una canción de Venom: Black Metal.
El amigo Euronymous se juntó a un batería llamado Hellhammer (muy original) y formaron Mayhem, la protobanda por excelencia de Metal Noruego. Euroymus reunió a su vera a bandas de amiguetes: Immortal, Emperor, Marduk, Dark Funeral, Satyricon y sobre todo Burzum. Burzum era y sigue siendo una banda compuesta por un único miembro; Varg Vikernes, alias Count Grishnack en honor a uno de los orcos que salen en El Señor de los Anillos. Bien, hasta aquí todo parece muy normalito, como los principios del grunge o el punk o similares. Ahora viene el culebrón de la historia.
Euronymous y sus amiguetes formaron una especie de club, El Círculo del Norte. Tenían su discográfica patatera, su tienda de discos con las ventanas tintadas y sin luz (los clientes tenían que coger una antorcha, no es coña) y estaban como putas regaderas. Quemaron alguna iglesia y hasta Grishnack se fue con su por entonces novia a Suecia para hacerle pintadas y ponerle un petardo en la puerta al cantante de Accept (pillaron a la tipa), uno de los miembros de Emperor se emparanoió creyéndose que era un troll y el batería del mismo grupo se dejó seducir por un gay para luego cargarselo a puñaladas en un parque. Los resultados de su lucha por un renacimiento viquingo eran tan dudosos como sus ideales.
Las cosas empezaron a ir mal en el Círculo; mucha testosterona, muchas envidias y muchos celos. La novia de Grishnack le dejó y se largó con Euronymous; Grishnack no se mosqueó demasiado pero sí le hinchaba la venilla de la frente que Euronymous no terminara de firmarle el contrato de un álbum que tenían apalabrado, aparte de que Grishnack consideraba que su rival se estaba estancando y había abandonado su lucha por una Noruega viquinga y bla bla bla.
Encontrando pues muchas razones como para estarse quietecito, y digno de un rey del crimen, Grishnack decidió darle matarile a Euronymous.
El mayor problema era la distancia; Euroymous vivía a 3 horas en coche de la casa de Grishnack (más bien la de sus padres). Ni corto ni perezoso, Grishnak ideó la coartada "perfecta": llamó a un amigo para que fuera a su casa y se pasara toda la noche dando martillazos para que los vecinos creyeran que no se había movido de allí; mientras tanto Grishnack cogería el coche de su madre con otro amigo e iría a hacerle la visita mortal a Euronymous con una escopeta de caza en el regazo.
- ¿Qué vas a hacer con esa escopeta, Varg?
- Si no me firma el contrato para el disco, lo balaseo como a un perro.
- Bueno, pero date prisa que yo mañana tengo clase.
Se plantaron en el bloque de apartamentos donde vivía Euronymous a las 3 de la mañana; Euronymous contestó al telefonillo totalmente dormido y tras una larga discusión, el pringado de Euroymous le dejó subir y le recibió con las melenas alborotadas, muerto de sueño y en pijama. Grishnack había dejado la escopeta en el maletero, pero llevaba un cuchillo jamonero oculto en la chupa. Euronymous, que estaba bastante hasta las pelotillas de la insistencia de su archienemigo decidió firmarle el contrato de una puñetera vez para que le dejara en paz. Se agachó ante una mesa para firmarlo y nada más acabar, sin tiempo a darse la vuelta, Grishnack le soltó varias puñaladas traperas que le dejaron seco en el suelo.
Al asesino le entró el canguelo y decidió rematar su faena con una jugada digna de los Trilocos para montarse su coartada. Bajó al coche donde esperaba su amigo al volante: "no te preocupes, Jorgen, que no ha pasado nada; cojo la escopeta para un asuntillo sin importancia y ahora vuelvo". Volvió al piso, le metió a su víctima el cañón en la boca y disparó. Sin embargo, no estaba del todo convencido de que la policía se fuera a tragar que había sido un suicidio, así que volvió a coger el cuchillo y le cortó las venas. Tras el crimen ferpecto salió corriendo pues los vecinos, lógicamente, habían oído el tiro y habían avisado a la policía.
En el mundo hay gente tonta, muy tonta, pero Grishnack lo era especialmente. No se le ocurrió otra cosa que darse un rulo, comprarse una cámara de fotos desechable y volver al lugar del crimen, que ya estaba sellado por la policía a la espera del juez. Trepó el muro hasta la ventana del segundo piso donde vivía Euronymous, entró en el apartamento y sacó la foto que luego sería portada-tributo del disco póstumo de Mayhem.
Ni que decir tiene que a la mañana siguiente se plantaron en casa de Grishnack para arrestarle; había dejado las huellas de los zapatos ensangrentadas, huellas en el cuchillo, en la escopeta, en la ventana y hasta el muy imbécil se había dejado en casa de la víctima el contrato ensangrentado a su nombre.
Siguió haciendo discos desde la trena en plan metal-folk, de donde se rumoreaba que saldría por buena conducta, si es que no ha salido ya. Aunque lo de la buean conducta no sé de dónde lo sacan, porque el menda se ha montado escritos de teorías sobre la correspondencia de El Señor de los Anillos con el nazismo. Vamos, que sólo la falta tatuarse una esvástica como Charles Manson. Pero eso ya es otra historia.
Cuando aprobé el COU estábamos en el siglo pasado, eran buenos tiempos, o quizá no tan buenos. Tenía que acabar el COU como fuera y en mi anterior instituto pintaban bastos: un 99% de aprobados en la primera tanda de Selectividad gracias a una brutal criba que sólo unos escogidos podían pasar. Sin embargo la situación en el nuevo instituto era bien diferente; me pasaba las tardes con los amiguetes en las recreativas y luego acudía a un par de clases que no tenían ningún misterio; incluso en Literatura el profesor se pasaba de rosca y no hacía más que hablarnos de películas, música y de lo mal que estaba la enseñanza. Así nos fue a la mayoría, que suspendimos el examen de Literatura de Selectividad con notas por debajo del 2.
¡Manda huevos! Llevas años o incluso lustros sin verte con viejos camaradas y te encuentras a un buen montón disperso por la estepa. Últimamente estamos teniendo encuentros de crujida con Dieguito Ezquerro, el Maradona del frikerío aragonés. Por desgracia es un regional preferente y vamos a tener que planificar una larga y dura pretemporada. Tiene cierta tendencia a emborracharse con un vaso de leche, pero al menos te echas unas risas.
No hay nada como los puentes, son mejores que las vacaciones; el martes pasado sin ir más lejos me levanté a las 11 de la mañana y quedé a las 12 con el Angelito para hacer un Easy Rider casero; un dos hombres y un destino por bares de tapas con el siguiente plan: cubata, ración de longaniza, cubata, ración de chorizo, copazo a palo seco, ración de calamares, carajillo, ración de papas bravas, cubata y así hasta que el cuerpo aguante. Un día cojonudo.
Una tal Murfila vino el jueves pasado a cantar en La Casa del Loco; un directo de gratis pagado por Cadena 100 si mal no recuerdo. Como dice un amigo: "puedo darte mil razones musicales, filosóficas, bioquímicas y hasta teológicas de porqué esa tía es una cantante de mierda; un intento patatero de los 40 Principales de sacar a una Avril Lavigne de la huerta murciana". Y es que es mala de cojones.
Érase una vez una posada... dicha venta sita en el arrabal de Saragossa era solaz lugar de encuentro y tertulia de una cuadrilla de lozanos devotos del dios Baco que, sin parangón ni ánimo de arrepentiento alguno dedicábanse a refocilarse en el vino y a cantar sus fazañas a las gentes que allá acudían.
Érase una vez un bar... estábamos el Ángel y yo lamentándonos de nuestras existencias y el Antonio lamentándose de nuestros lamentos cuando apareció uno de los calvos. "Miguey" solía ser puntual, pero esta vez llegaba tarde, y con cara de no haber follado... quiero decir de haber follado menos todavía si cabe.
Esta historia la escribí hace meses en cierto foro de cuyo nombre no quiero acordarme, y como hoy estoy vago he pensado que mejor copypastearla tal cual antes de que desaparezca dicho foro y de paso me libro de escribir hoy. ¡Yijaaaaa!
Érase una vez un bar... era verano y hacía un calor del cagarse; "el Moneva" hacía semanas ya que cerraba los sábados. Cuando terminaba la liga, "el Moneva" no parecía encontrar razones para abrir tarde los fines de semana y el mes de Julio incluso se largaba con la parienta a Benidorm.
Érase una vez un bar... en él estábamos el Ángel y yo bebiendo como cerdos con "el Fores", "Mafalda" y compañía cuando apareció "la Jamona". La susodicha individua era la ex-novia del "Macaco", el muy jipylollas tenía la costumbre de llevarse al huerto a las tías más carnosas y de nalgas prietas del instituto, decía la leyenda que debía tener un rabo descomunal porque si no era imposible que un "manuchao" panfletero, soso como la madre que lo parió, acabara emparejado con los cuerpos más manoseados mentalmente por la chusma del instituto en sus escarceos pajeriles al cuarto de baño. El caso es que la tal "Jamona" debía ser una perrilla de la pradera porque se lo había montado con un montón de amiguetes del "Macaco" y todos habían acabado insultándola vilmente, aún no sé porqué razones exactamente... ni me importa.